16 de diciembre de 2012

Enfoques empíricos de la mente (Psicología Moral)

Hola queridos lectores, en este artículo os voy a hablar sobre el empirismo filosófico aplicado a la psicología moral, en este caso del desarrollo cognitivo. Para comenzar con el asunto, debemos saber en qué terreno nos movemos: en el de la Psicología ( "Psijé"/"Psico", mente + "Logía", estudio ), es decir, en el estudio de la mente, pero en este caso, en sentido aún más abstracto enfocándonos en el subcampo de la moralidad. La Psicología Moral es un subcampo de la psicología que hace referencia a todo el sistema de moralidad, el cual está fundamentado por la ética, ciencia que estudia este complejo sistema cognitivo. La ética es una ciencia práctica que se pregunta sobre la felicidad, la virtud y el deber, la cual se resume en una sola pregunta: ¿Qué debo hacer?
Su objeto es lo fáctico [(Actos morales): El motivo, la elección del fin, el establecimiento de los medios y las consecuencias.] y lo normativo [(Normas morales), variedad de normas, las cuales implican libertad y obligatoriedad, y pueden ser normas autoimpuestas por la moral autónoma del sujeto, o pueden ser normas impuestas desde el exterior, propias de una moral heterónoma de un sujeto que se deja llevar por el resto.
Las cuatro palabras más fundamentadas por la ética son: Felicidad, deber, libertad y responsabilidad. La felicidad es, según Voltaire, la finalidad y el objetivo humano. Es esa satisfacción que impregna nuestros sentimientos y acciones, pero felicidad no es placer, puesto que esto último es efímero, concreto y tiene sentido material. El sentido de la felicidad es espiritual. El deber, para muchos, es el fin que tienen las personas, pero en realidad, ¿Deber es felicidad? Depende de personalidades, puesto que es un compromiso / obligación que todos tenemos, y nos podemos tomar de una forma u otra. El deber implica derechos, reglas de comportamiento, que llevadas a su carácter más social, formulan las leyes. Los tipos de deberes siempre son dos: los jurídicos y morales. Nuestros deberes son los derechos de los demás, y viceversa. La libertad sin embargo, es necesaria para la elección, lo que provoca la aparición de conductas éticas. El concepto de libertad se refiere a la autodeterminación de no ser esclavo de nadie, poder elegir y hacerlo sin que haya impedimentos a nuestra voluntad. El problema de la libertad es que las personas podemos ser deterministas o indeterministas. Los deterministas sostienen que no somos libres, puesto que todo tiene una causa (Física, social, teológica, genética, psicológica…). Los indeterministas sostienen que somos libres, puesto que nuestra conducta está regida por la voluntad. La responsabilidad es una consecuencia directa de esta libertad, porque es el acto conceptual en el cual los seres libres responden de su conducta. Ser responsable es poder responder de un acto justificando una opción o decisión, mientras que ser irresponsable hace referencia a no ser capaz de dar razones. Las condiciones para ser responsable son el conocimiento y la libertad, y los tipos de responsabilidad son la directa (Cada uno es responsable de sus actos) y la diferida (Alguien propicia que otro individuo haga algo). No basta con tener buena intención para hacer algo, es un problema común, puesto que hay que analizar y valorar las consecuencias de los actos, sin limitarse a justificar por las buenas intenciones. Los actos morales, como actos que son, están orientados hacia el exterior, la realidad, el mundo, los demás. Pero, por ser morales, tienen un aspecto interno, que es el que hace que sean valorables. No podemos olvidar que somos morales porque sabemos que podemos elegir, porque sentimos que tenemos posibilidad de seguir caminos diferentes en nuestra vida, porque nos damos cuenta de que nuestras acciones tienen consecuencias. La conciencia de estas consecuencias es la base del aspecto interno de la moral, en ella está el origen de la valoración de nuestros actos, nuestros hábitos o nuestro modo de vida. Pero la conciencia moral es también conciencia de la libertad, conciencia de que no todas las posibilidades de elección son igualmente valiosas. Por eso es especialmente importante plantearnos qué es y como funciona. La misma palabra que usamos para referirnos a ella ya nos da una pista: estar consciente significa darse cuenta de lo que ocurre alrededor. La conciencia es una forma de conocimiento o de percepción. La conciencia moral es con lo que nos damos cuenta de lo que vale, de lo que merece la pena para la vida, de lo que es bueno -o bien, de lo que no merece la pena, de lo malo, de lo que hay que evitar-. La conciencia moral es la capacidad para juzgar conductas, y puede tener origen innato (Teorías naturalistas y sobrenaturalistas) o pueden tener un origen adquirido (Marxismo, Socialismo, Psicoanálisis). Pero centrándonos sobre todo en la parte de la psicología, y no de la filosofía, nos encontramos con diferentes sistemas de desarrollo moral, los cuales se corresponderían con los sistemas éticos si nos centrásemos en la parte filosófica. 

Teoría de Jean Piaget.

Teoría de Lawrence Kohlberg.

Los sistemas éticos serían propugnados por los Sofistas (Relativismo), Sócrates (Intelectualismo moral), Platón (Ideales morales), Aristóteles (Eudemonismo, es decir, felicidad), los Epicúreos (Placer y ataraxia), los Estoicos (Destino y apatía), San Agustín de Hipona (Voluntarismo), Santo Tomás de Aquino (Intelectualismo), Kant (Formalismo), Bentham y Mill (Utilitarismo), Nietzsche (Vitalismo biológico), Marx (Humanismo socialista), Moore y Ayer (Lenguaje de la ética), Scheler (Valores morales), Habermas y Apel (Éticas discursivas), Sartre (Existencialismo) John Rawls (Neocontractualismo)…y un largo etcétera de filósofos, tales como los cínicos, escépticos, ilustrados.... Pero los sistemas de desarrollo moral y psicología serían cultivados sobre todo por los psicólogos o no psicólogos Jean Piaget, Lawrence Kohlberg, Sigmund Freud y Abraham Maslow. 

20 de octubre de 2012

Planteamientos filosóficos contemporáneos

Hola queridos lectores. En este artículo voy a hacer referencia a una serie de planteamientos y tendencias filosóficas contemporáneas, surgidas principalmente durante el Siglo XIX, un siglo polémico, lleno de procesos revolucionarios que sentarían las bases del mundo actual. La edad contemporánea empieza en 1789 con la Revolución francesa, y llega hasta nuestros días. Para entender la filosofía, hay que entender la historia, y viceversa. En el año 1789, los ideales de la ilustración se sumaron al descontento causado por la monarquía absoluta (Que impedía el ascenso de la Burguesía, la cual quería la división de poderes), la estructura estamental (Se presentaron cuadernos de quejas por parte de los tres estamentos, puesto que no era justo que el estado llano cargase con todos los privilegios de la nobleza y del clero), la economía (Crisis y presión jurídico-económica sobre el campesinado, clase destinada a pagar los Diezmos a la iglesia y las Tallas al Estado) y sobre todo el frío invierno de 1788 que acabó con todas las cosechas y provocó que el precio del trigo fuese el doble que el normal. Todo empezó con los Estados Generales, la Asamblea Constituyente, la Asamblea Legislativa, la Convención Nacional y el Directorio, al cual puso fin Napoleón Bonaparte al proclamar el Consulado junto a Sieyés y Ducos, lo que después sería un Imperio desde 1804 hasta 1815 tras la derrota de Waterloo. Tras toda la revolución, dentro de la que se incorpora Napoleón (Históricamente hablando), se organizó el Congreso de Viena de 1815, entre todas las potencias vencedoras de el emperador francés (Austria, Rusia, Prusia y G. Bretaña). Dicho congreso consistía en reuniones organizadas por el canciller austriaco Klemens Von Metternich para la organización del nuevo mapa europeo, pues se podía repetar el orden impuesto por Napoleón, se podría elaborar un nuevo mapa, o se podría restaurar todo de la igual manera en la que estaba en cuando a Geopolítica. Se optó por volver a las mismas fronteras y a las mismas políticas (Monarquía absoluta). La fuerza de la voluntad popular estaba demostrada, estaba demostrado todo lo que la gente estaba dispuesta a hacer por la libertad, así que dentro de poco surgieron revoluciones políticas, las más conocidas son las de 1820, 1830 y 1848, antecedente en algún modo de las unificaciones posteriores de Alemania e Italia. Todo esto es un proceso, puesto que una cosa lleva a la otra, y el siglo XX fue recibido con tensiones que la Paz Armada desataría en la I. Guerra Mundial, esta en las consecuencias de la misma, tales como la crisis del 1929 y los totalitarismos, lo que llevarían a la II Guerra Mundial, y esta llevaría a la Guerra Fría, y así un largo etcétera, pero con conocer estos conceptos históricos, ya hemos conceptualizado las bases para entender la filosofía de esta época.
En este artículo voy a analizar a fondo el Humanismo socialista de Marx, el Vitalismo biológico de Nietzsche y el Existencialismo de Sartre, pero hay mucha más filosofía como la ética discursiva cultivada por Habermas y Apel, el neocontractualismo de John Rawls, el Intuicionismo, emotivismo, prescriptivismo, relativismo ético, contextualismo, pluralismo, ética aplicada...
Pero es que contemporáneamente hablando, nos encontramos en el siglo XIX con los planteamientos de Marx y Nietzsche (Polémicos).
El filósofo socialista al cual se le considera precursor principal de todas las tendencias izquierdistas contemporáneas recibe el nombre de Karl Marx. Este, partiendo de la izquierda hegeliana, reacciona ante el idealismo y ejerce de creador de una filosofía crítica, la cual pretende transformar la realidad sociopolítica. Hasta entonces, los filósofos se preocupaban de interpretar el mundo, pero Marx quería cambiarlo por completo, puesto que el mundo en aquel entonces estaba muy desigual (como en la actualidad). Su teoría ética recibe el nombre de Humanismo Socialista/Marxista, lo que viene a ser la Alienación. La alienación es la pérdida de una propiedad a favor de un tercero y se puede clasificar en tres tipos: Económica, Religiosa e Ideológica. La alienación económica se basa en el trabajo, la actividad esencial del ser humano, el cual puede ser libre (persona autodidacta y autónoma) o alienado. Éste es el propio de una sociedad de clases, como la capitalista, dividida en una clase explotadora y propietaria de los medios de producción (Burguesía), y otra clase social totalmente oprimida y a merced absoluta de los intereses y mandatos de los grandes propietarios (Proletariado).
El trabajador no es dueño del producto, que pertenece al patrono. Entonces, la clase obrera, es decir, estos proletarios, necesitan vender su trabajo a cambio de un pequeño salario. Pero al convertirse en empleado y trabajar para otro hombre, pierde su esencia como ser humano, es decir, se deshumaniza. El capitalista debería pagar al obrero una parte de lo que produce como compensación. La alienación religiosa es la consistente en la que el ser humano proyecta sus cualidades en un ser superior, al que llama Dios. Y la alienación ideológica es simplemente, un conjunto de ideas falsificadoras de la realidad (El proletariado pensó que la sociedad y la economía solo eran simples elementos artificiales para hacerles la vida más difícil de lo que ya la tenían). En la sociedad industrial, la palabra “Proletariado” procede de “Prole” <hijos>, que es lo único que tienen los trabajadores obreros. De hecho, estos padres de familia trabajaban jornadas de más de 12 horas de trabajo para un salario miserable. Con un salario no llegaba para subsistir, entonces los hijos y la mujer deberían contribuir también y trabajar a merced del mismo jefe. La causa de toda esta situación para los obreros, fue la Revolución Industrial, acompañada de la Revolución Agraria. Ambas revoluciones lo que provocaron fue el éxodo rural, el abandono de los pueblos por parte de los trabajadores que antes se dedicaban al campo, para ahora poder dedicarse a trabajar en la gran industria. Los problemas de la clase obrera eran complejos, puesto que el campo estaba mecanizado y ya no había puestos de trabajo, el aumento demográfico hacía que si una persona no quería trabajar, se elegía a otra sin evaluar ninguna condición, y encima para colmo, estos obreros tenían la competencia de la máquina, el principal factor revolucionario. El gran Marx fue el precursor del movimiento obrero que tantas repercusiones sociopolíticas ha ocasionado en toda la historia contemporánea, partiendo de la publicación del “Manifiesto del Partido Comunista” en 1848, junto a su socio, Friedrich Engels. Marx, consciente de la situación, analizó científicamente la historia y la sociedad y materializó la dialéctica hegeliana y llegó a las conclusiones de que no existe más realidad que lo material, y que la realidad, tanto natural como social, es dialéctica, osea dinámica y contradictoria (La oposición de fuerzas la hace avanzar). El Materialismo Histórico fue la teoría naciente de estos pensamientos lógicos, y es una teoría sociológica que, a partir de datos empíricos, pretende explicar el mecanismo de tránsito de uno a otro modelo social a lo largo de la historia (Algo parecida a la teoría de Thomas Khun con sus cambios de Paradigma en la ciencia). En consecuencia de todo esto, la sociedad contemporánea a Marx estaba sumergida en una gran lucha de clases, que al ser algo malo para la sociedad, se necesitaba una revolución como remedio total.
La lucha de clases se veía fundamentada por la Moral Capitalista (Injusta e inmoral por la opresión burguesa sobre el proletariado) y la Moral Proletaria (Totalmente opuesta a la moral burguesa, que ansiaban una transformación de las relaciones sociales que mantenían al individuo en la humillación y la marginación, para poder llegar a la igualdad y a la fraternidad). Esta lucha de clases, al no poder zanjarse con una simple revolución, se hicieron bastantes huelgas y movimientos sociales que comenzaron por el Luddismo (Momento en que los obreros entraron a las industrias para romper las máquinas, pero pronto se acabó este pequeño movimiento porque quedó demostrado que la máquina daba más puestos de trabajo de los que quitaba) y acabaron por la fundación de las Internacionales Obreras. Simplemente, para Marx, lo bueno era lo que ayuda al ser humano a su plena realización en un mundo nuevo, justo y feliz, y lo malo era lo que retrasaba ese proceso de realización humana. Marx llegó a coincidir temporalmente con el gran Friedrich Nietzsche, conocido filósofo nacido en Alemania en 1844, en medio de inestabilidad y grandes revoluciones políticas. Nietzsche fue el creador de la teoría del Vitalismo Biológico y avanzó desde la filología hasta la filosofía, y rechazó el positivismo y el racionalismo hegeliano-marxista. Los filósofos, por miedo a la vida, momifican la realidad negando la pluralidad y el movimiento que observan en los sentidos, y afirmando su carácter único y fijo, solo dirigible por el instrumento racional. Fue un fuerte crítico con la cultura de su contemporaneidad por este dualismo en el cual la razón predominaba sobre los sentidos, y esto estaba causado por todos los engaños del lenguaje. Propugna que el valor supremo del ser humano es la vida, y a él deben someterse el resto de valores, de tal forma que la primera norma de moralidad debe ser la voluntad de querer vivir. Defiende que hay que recuperar la moral originaria y primitiva, que no conoce ni el bien ni el mal, en la que es bueno todo aquello que hace libre al hombre y es útil para su bienestar psíquico, y malo todo aquello que lo esclaviza y lo somete a otros seres, ideas o normas. En la cultura vitalista simplemente se defienden dos tipos de morales (Esclavos y Señores). La moral de esclavos fomenta la humildad y la pobreza puritana en la que la persona se sumerge en el desierto del nihilismo (Estado de ánimo en el cual no hay ausencia de perturbación a causa de otros seres, tales como Dios). La moral de señores es la llevada a cabo por los superhombres, los cuales tienen virtudes como la creatividad, la originalidad, la energía y el vigor que le define como una persona con un carácter desgarrado. Ese superhombre consigue esas virtudes al superar el desierto del nihilismo, y entonces rehabilita los instintos vitales, decidiendo y valorando todo desde su propia voluntad, una voluntad de poder y afirmativa. Para los señores, la bondad es la felicidad, y para los esclavos no queda otra que sentir resentimiento por ser débil frente a la vida. La metáfora del camello, el león y el niño aclara muchas cosas. El camello representa la aceptación resignada de la carga (normas, creencias…), se transforma en león cuando toma conciencia de que la carga ralentiza su paso. El león aspira a la libertad puesto que destruye los valores que lo limitan, por tanto se enfrenta al deber y le vence, pero su fuerza no es creadora, puesto que se requiere la inocencia del niño (Más allá del bien y del mal). El niño asume el juego de crear y alumbra los nuevos valores vitales tomando el rol de Superhombre, lo cual es una UTOPÍA. El valor máximo es el amor, pero el amor a uno mismo, teniendo rebeldía y voluntad de autocontrol para hacer frente al hombre virtuoso de la filosofía griega o al amor al prójimo del cristianismo. En 1905, nacería en Francia el filósofo que marcó el punto y coma para la filosofía existencialista universal, Jean Paul Sartre. Este, influenciado notablemente por los grandes Edmund Husserl y Martín Heidegger, empezó desde pequeño a tratar la filosofía desde un punto de vista diferente, el existencialista. Aparte de ser filósofo, también fue novelista, dramaturgo y crítico (“No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros”), muy comprometido con la filosofía de izquierdas, por la cual en 1964 rechazó el premio Nobel de literatura. El existencialismo es una filosofía del siglo XX, basada en el individualismo como forma de vida y en la pérdida de los grandes ideales tradicionales. Según esta corriente filosófica, el ser humano está solo, abandonado a la ineludible necesidad de tener que realizarse hasta el más pequeño detalle. En este desamparo en el que se encuentra la persona, a pesar de todo tiene que vivir, ser capaz de tomar decisiones para poder seguir existiendo. La persona auténtica es aquella capaz de aceptar la cruda realidad y actuar en consecuencia, puesto que el ser humano es el dueño de su vida y su vida son los actos que realiza, pues fuera de esto, no hay más, acaba la existencia. Como ventaja y algo positivo, la persona es libre, tiene total libertad de sus actos puesto que es un proyecto que se va haciendo. Las decisiones tomadas librementes conforman el proyecto de vida que se quiera llevar posteriormente, así que se pasa a tomar el rol de inventor de valores universalmente válidos. Al estar “Condenado a ser libre”, la libertad es el valor máximo, puesto que hay que tener responsabilidad total de los propios actos, puesto que nuestra libertad de elección compromete a toda la humanidad. Los actos que realizamos son modelos de comportamiento para mí mismo en otra ocasión, y para los demás. El problema de todo esto es que, para Sartre, “El cobarde es el que se cobija tras las normas”, y si la persona busca la autenticidad sin hacer caso a ninguna norma externa, puede iniciar una conducta criminal, puesto que una persona puede ser muy auténtica y seguir las indicaciones de su conciencia moral al ocasionar un atentado. Grandes obras de carácter filosófico de Sartre, fueron: El ser y la nada, El existencialismo es un humanismo y La Náusea.

10 de septiembre de 2012

Planteamientos filosóficos del Medievo y la Modernidad.

Hola queridos lectores, hoy establezco aquí una continuación al anterior artículo de las Escuelas Helenísticas, puesto que directamente después de estas, vienen las éticas de la Edad Media, periodo comprendido entre el 476 (Fecha de caída de la capital del Imperio Romano de Occidente) y las otras tres fechas relevantes como fueron 1453 (Fecha de caída de la capital del Imperio Romano de Oriente), 1492 (Fecha del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón), y 1517 (Fecha de inicio de la Reforma Luterana). La filosofía de la Edad Media es la centrada fijamente en le religión, cristiana en este caso. Después de diez siglos de plenitud medieval, llegaría el Renacimiento, la Ilustración y los planteamientos de la modernidad, de los cuales, en este fragmento, solo hago mención al Formalismo Kantiano. Este es un fragmento del libro que estoy llevando a cabo:

"Durante los siglos posteriores la filosofía se desarrolló a un nivel diferente, puesto que en la Edad Media, la filosofía se identifica con la Religión, es decir, con el Cristianismo. No se puede identificar Religión con Moral. Es verdad que todas las religiones cuentan con prescripciones morales para orientar la vida de sus adeptos y que, históricamente hablando, se puede decir que las actitudes morales son de raíz religiosa y solo más tarde se han formado códigos y sistemas morales explícitamente filosóficos. Este caso, por tanto, también es el de la ética cristiana, la ética de la salvación. El cristianismo, es en concreto una religión que sostiene una concepción de Dios como creador y padre providente de todos los seres humanos, a los cuales nos ofrece una salvación, a través de la figura de Jesús de Nazaret. Esta salvación se paga con nuestra colaboración constante a hacer un mundo mejor mediante la adopción de unas buenas acciones y actitudes morales. Esta dimensión moral es inseparable del mensaje cristiano, cuyo contenido ético fndamental es el mandato del amor a Dios. Pero también ese amor se debe dar a la sociedad, al prójimo, puesto que tal y como dijo el evangelista Juan en su primera carta “Quien no ama a su hermano a quien ve, difícilmente puede amar a Dios a quien no ve”.
Tras una serie de transformaciones en esta religión y tras severas ideologías, surgieron dos concepciones sobre el buen cristianismo, las cuales se resumen en el Voluntarismo (San Agustín de Hipona) y el Intelectualismo (Santo Tomás de Aquino). El sistema ético se basa en el amor al prójimo entendiendo la divinidad y la existencia de Dios y su mensaje. El ser humano es el centro de la creación que ha hecho Dios, por eso somos distintos a los demás seres vivos. La felicidad entonces, se alcanza cuando nos unimos con Dios y creemos en la vida eterna después de la muerte. La vida en la tierra es solo una etapa en la que hay que sembrar amor en los corazones de la gente, como buen cristiano que cumple los mandatos de Jesús. Los aspectos afectivos del comportamiento se basan en virtudes como son la fe (Creencia en Dios), la esperanza (Confianza en la vida eterna) y la caridad (Amor fraternal entre personas). Centrándonos en las dos corrientes filosóficas que se dieron, primero vamos a tratar el Voluntarismo Agustiniano que tiene como inspirador a San Agustín de Hipona. Él piensa que la naturaleza humana ha sido creada buena por Dios, pero fue hecha mala por el pecado. Como consecuencia, el ser humano, en su origen, debido al pecado ha perdido la rectitud moral y con ella la felicidad, pero no perdió la voluntad de ser feliz. La libertad no es elección del mal, sino para el bien. Esta libertad se ha perdido por el pecado, pero Dios debe hacer que la adquiramos de nuevo para tener felicidad y libertad (libre albedrío). Por eso, la voluntad del ser humano debe ser ayudada por Dios, mediante la fe, salvación que Dios nos da a todos no por nuestros méritos, sino por nuestra confianza y deseo de felicidad.
En cambio, la corriente intelectualista (Intelectualismo Tomista) de Santo Tomás de Aquino, sigue el intelectualismo de la filosofía griega que consideraba a la razón rectora de todo conocimiento. La influencia grandísima que provocó Aristóteles en este filósofo se dejó ver porque, en coincidencia, también Santo Tomás aludía a que el objetivo de la actividad moral es alcanzar la perfección que corresponde a la naturaleza humana. Él considera que el hombre tiende naturalmente a la felicidad y el análisis de la naturaleza humana es el que nos permite conocer a la perfección las normas morales que se encargarán de regir nuestra propia moral y personalidad. Uno de los primeros principios morales se basa en el precepto “Haz el bien y evita el mal”. La corriente intelectualista entiende por bien todo aquello que todos buscan y esperan conseguir, todo aquello que la razón descubre como propio del ser humano. La manera con que actúan las cosas es así porque así se lo ha impuesto el destino, es su ley natural. La felicidad que el ser humano puede conocer y alcanzar en la vida es la perfección, o felicidad natural, pero está llamado a la felicidad constante. Para conocer y conseguir esto, la razón necesita la ayuda de la fe, porque la felicidad completa solo se puede encontrar en Dios. Santo Tomás concedió una atención muy particular a la Moral Política. Las acciones del gobierno han de ajustarse a los principios universales éticos. La justicia, que consiste en dar a cada uno lo que se merece, garantiza el bien común cuyos objetivos son la paz, la moralidad y los medios necesarios para vivir una vida corta pero a la vez intenta y llena de paz, felicidad y amor. La contemplación de Dios es el fin último del ser humano y la felicidad completa se basa en esta contemplación, que nos hace ser buenos fieles seguidores de la ley natural, algo parecida a la escuela helenística estoica. Las teorías éticas que entran en el periodo de la Modernidad, comienzan por el elocuente filósofo francés del Renacimiento, René Descartes, a quien se le considera padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, aparte de uno de los más destacados pensadores de la Revolución Científica. Fue el creador del conocido Racionalismo (Concebir las cosas en conformidad con la razón), y completo adversario de los filósofos empiristas, los cuales defendían lo contrario, que las cosas deben concebirse en conformidad a los sentidos y a la experiencia. Descartes propone una moral provisional, con varias reglas para ser feliz, ya que es el último fin humano. Hay que seguir las leyes y costumbres del país, ser firmes y tenaces con las decisiones tomadas libremente, aceptar con buen ánimo los avatares de la vida, y sobre todo revisar las diferentes ocupaciones a que se dedican los hombres para elegir la mejor felicidad. Como uno de los mayores antagonistas al sistema filosófico de Descartes (conocido universalmente con su frase “Pienso, luego existo”), destaca el empirista inglés David Hume. Este filósofo simplemente defendió que la moral deriva de la inclinación y del sentimiento. El fundamento del valor que atribuimos a las virtudes reside en su utilidad (tanto individual como social), y en que nos resulten agradables a nosotros mismos o a los demás. Junto al egoísmo personal, existe un sentimiento natural de empatía (el hecho de ponerse en el lugar del otro), pues la felicidad individual es inseparable de la colectiva, lo que se ve reflejado con el emotivismo (parte de la metaética que sostiene que los juicios de valor proceden de las emociones individuales y entonces el fin será persuadir a los demás para que sientan como sentimos nosotros) y el utilitarismo (procurar el bien a la sociedad para ser felices por nosotros mismos y aparte por hacer el bien) morales. El supuesto contrato social no explica la formación de las sociedades (en contraposición a Locke), sino la utilidad de las instituciones del momento histórico. En su ética también abunda la política y él alude a que el Positivismo Jurídico es relativo, no hay que buscar la legitimidad del poder perfecta, sino que el poder se va legitimando a partir de sí mismo mediante revoluciones, insurrecciones militares, golpes de estado, conquistas y un largo etcétera. La modernidad y los planteamientos contemporáneos tienen una serie de características como son la aparición de viejas tendencias ético-cívicas, el surgimiento de nuevos problemas planteados por cambios sociales, técnicos, científicos y un largo etcétera, y sobre todo por la especial atención a virtudes humanísticas, tales como el conocimiento, la solidaridad y un largo etcétera.
La reflexión ética del Siglo XVIII se centra en la Ilustración, etapa de máximo esplendor de la cultura europea, que comenzó por desarrollarse principalmente en Francia, aunque se fue extendiendo por todo el resto de continente, la cual tenía las raíces en los pensadores racionalistas y empiristas del siglo anterior. El pensamiento ilustrado se basaba en la razón como instrumento crítico dirigente de todo conocimiento humano para la comprensión científica de todo cuanto nos rodea, y el espíritu crítico, lo que se desarrolla con el ejercicio de la razón y que puede poner en tela de juicio moral todo aquello que no se corresponda con el entendimiento razonable. Las aportaciones de la Ilustración constituyeron un frente de oposición para las instituciones del Antiguo Régimen, frente al que los ilustrados se mostraron críticos y revolucionarios, aparte de expansionistas de la revolución cultural, que pretendía el progreso y la modernización de la cultura occidental. En 1751, los filósofos ilustrados Diderot y D´Alambert fundaron la Enciclopedia para educar al pueblo, puesto que ese era el mejor remedio para erradicar el absolutismo, aunque esta fue rechazada por los defensores del pensamiento tradicional. Las personas debían ser capaces de leer, escribir, tener sus propias ideas y tener la capacidad de manifestarlas, y así fue, pero hubo otros tres filósofos que también influyeron mucho en estos pensamientos revolucionarios: Voltaire (Trató sobre las relaciones entre ética individual y social), Montesquieu (Trató sobre las relaciones entre ley moral y ley política) y Rousseau (Trató a la naturaleza y a la sociedad como conceptos totalmente opuestos). La Ilustración es una vuelta al renacimiento, en la que se admira la cultura clásica y surge de nuevo la democracia moderna tras grandes revoluciones políticas como serían la Rev. Francesa de 1789, y las Revoluciones de 1820, 1830 y 1848 (Primavera de los pueblos). El primer filósofo moderno más influyente, Immanuel Kant (1724-1804) renovó totalmente el modo de pensar acerca de la filosofía, y sobre todo de este campo de la ética. Kant propone una ética procedimental, en la que no se señala cuales son las normas que se deben adoptar ni dice cuales son los fines de la vida de las personas, sino que su ética formal solo pretende determinar el procedimiento para la fundamentación de normas. Las tres preguntas de Kant se resumen en: ¿Qué puedo saber? (Crítica de la razón pura), ¿Qué puedo hacer? (Crítica de la razón práctica) y ¿Qué puedo esperar? (Crítica del juicio). Estas tres preguntas se resumen en una… ¿Qué es el hombre? Algo sin contestación científica totalmente verdadera. Entonces… ¿Qué se debe hacer?, ¿Qué condiciones debe tener una norma moral para que pueda obligar? Para empezar, la norma moral tiene que tener validez universal, es decir, válida para todo el mundo, sin excepciones. Toda ética que tenga preferencias subjetivas y no universales, no sirve para nada, como por ejemplo las éticas naturalistas, muy egoístas, y una norma moral no se puede basar en el simple interés. Por lo tanto este propone una ética procedimental, deontológica y formal, es decir, que nos lleve a actuar siguiendo los dictados de la razón, haciendo el bien porque es bueno en sí, y no por los caprichos personales que nos pueda dar. El procedimiento para saber si una actuación subjetiva es una norma moral es la universalizabilidad, el hecho de hacer lo que el deber te implante, y que lo que puedas hacer tú, lo pueda poder hacer todo el mundo. El sujeto, por lo tanto, debe ser libre para poder cumplir su deber, sin libertad no se puede realizar esta vida. La moral de Kant, en resumidas cuentas, es una moral del deber, lo bueno es cumplir el deber, hay que conocer los procedimientos para establecer qué es lo correcto o el deber en general, y no en casos particulares, hay que tener unos principios básicos del deber. A la vez que una moral del deber, la de Kant es una moral de la Intención, puesto que lo que de verdad importa es la buena voluntad sin importar en sí el fin, sino por el hecho de querer hacerlo bien. La ley moral fundamental es el Imperativo Categórico. Este imperativo kantiano representa el mandato objetivo que recibe la voluntad y afecta a toda ella. En este sentido, los imperativos son leyes universales. Al analizar los distintos tipos de mandatos imperativos, Kant distingue entre imperativos hipotético y categórico. Los primeros ordenan lo que ha de hacerse si se quiere alcanzar algo, y los segundos ordenan simplemente lo que hay que hacer para obrar bien. Un ejemplo bastante bueno sería el ejemplo siguiente: SI QUIERES APROBAR EL EXÁMEN, DEBES ETUDIAR, sería un mandato hipotético, mientras que el mandato categórico sería: DEBES ESTUDIAR. Según Kant, el imperativo moral es categórico, es decir, expresa el mandato o la obligación sin ninguna condición. El hombre lo reconoce y de esta manera se siente responsable ante él por ser libre. En este filósofo importantísimo, uno de los cuatro pilares de la historia de la Filosofía Universal, (Junto con Sócrates, Platón y Aristóteles), encontramos tres formulaciones:
Obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”, “Obra de tal manera que trates siempre a la Humanidad, sea en tu persona o en la de otro, como un fin y que no te sirvas jamás de ella como de un medio” y “Obra de tal manera que tu forma de actuar pueda servir como norma universal de conducta”.
Aunque Kant pasó la mayor parte de su vida enseñando en la universidad de su ciudad natal (Konigsberg), no por ello fue ajeno a los grandes acontecimientos de su época, como la Revolución Francesa, a la que saludó con gran entusiasmo e interés por considerarla un triunfo de la libertad del ser humano. En cuanto a la ética y a la política, Kant dijo que era necesario suponer una intención oculta de la Naturaleza, que dirige la historia humana hacia una evolución constante y progresiva de la razón y de la moralidad. El medio del que se sirve esta naturaleza es la insociable sociabilidad de los hombres, puesto que nunca ha habido paz total, ni hay, y sería un reto para el futuro que hubiese. La sociedad humana perfecta (Utopía) no será posible mientras no haya paz entre todos los Estados y Naciones del mundo en que vivamos."

Europa durante el siglo XV
Europa en el siglo XV