10 de septiembre de 2012

Planteamientos filosóficos del Medievo y la Modernidad.

Hola queridos lectores, hoy establezco aquí una continuación al anterior artículo de las Escuelas Helenísticas, puesto que directamente después de estas, vienen las éticas de la Edad Media, periodo comprendido entre el 476 (Fecha de caída de la capital del Imperio Romano de Occidente) y las otras tres fechas relevantes como fueron 1453 (Fecha de caída de la capital del Imperio Romano de Oriente), 1492 (Fecha del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón), y 1517 (Fecha de inicio de la Reforma Luterana). La filosofía de la Edad Media es la centrada fijamente en le religión, cristiana en este caso. Después de diez siglos de plenitud medieval, llegaría el Renacimiento, la Ilustración y los planteamientos de la modernidad, de los cuales, en este fragmento, solo hago mención al Formalismo Kantiano. Este es un fragmento del libro que estoy llevando a cabo:

"Durante los siglos posteriores la filosofía se desarrolló a un nivel diferente, puesto que en la Edad Media, la filosofía se identifica con la Religión, es decir, con el Cristianismo. No se puede identificar Religión con Moral. Es verdad que todas las religiones cuentan con prescripciones morales para orientar la vida de sus adeptos y que, históricamente hablando, se puede decir que las actitudes morales son de raíz religiosa y solo más tarde se han formado códigos y sistemas morales explícitamente filosóficos. Este caso, por tanto, también es el de la ética cristiana, la ética de la salvación. El cristianismo, es en concreto una religión que sostiene una concepción de Dios como creador y padre providente de todos los seres humanos, a los cuales nos ofrece una salvación, a través de la figura de Jesús de Nazaret. Esta salvación se paga con nuestra colaboración constante a hacer un mundo mejor mediante la adopción de unas buenas acciones y actitudes morales. Esta dimensión moral es inseparable del mensaje cristiano, cuyo contenido ético fndamental es el mandato del amor a Dios. Pero también ese amor se debe dar a la sociedad, al prójimo, puesto que tal y como dijo el evangelista Juan en su primera carta “Quien no ama a su hermano a quien ve, difícilmente puede amar a Dios a quien no ve”.
Tras una serie de transformaciones en esta religión y tras severas ideologías, surgieron dos concepciones sobre el buen cristianismo, las cuales se resumen en el Voluntarismo (San Agustín de Hipona) y el Intelectualismo (Santo Tomás de Aquino). El sistema ético se basa en el amor al prójimo entendiendo la divinidad y la existencia de Dios y su mensaje. El ser humano es el centro de la creación que ha hecho Dios, por eso somos distintos a los demás seres vivos. La felicidad entonces, se alcanza cuando nos unimos con Dios y creemos en la vida eterna después de la muerte. La vida en la tierra es solo una etapa en la que hay que sembrar amor en los corazones de la gente, como buen cristiano que cumple los mandatos de Jesús. Los aspectos afectivos del comportamiento se basan en virtudes como son la fe (Creencia en Dios), la esperanza (Confianza en la vida eterna) y la caridad (Amor fraternal entre personas). Centrándonos en las dos corrientes filosóficas que se dieron, primero vamos a tratar el Voluntarismo Agustiniano que tiene como inspirador a San Agustín de Hipona. Él piensa que la naturaleza humana ha sido creada buena por Dios, pero fue hecha mala por el pecado. Como consecuencia, el ser humano, en su origen, debido al pecado ha perdido la rectitud moral y con ella la felicidad, pero no perdió la voluntad de ser feliz. La libertad no es elección del mal, sino para el bien. Esta libertad se ha perdido por el pecado, pero Dios debe hacer que la adquiramos de nuevo para tener felicidad y libertad (libre albedrío). Por eso, la voluntad del ser humano debe ser ayudada por Dios, mediante la fe, salvación que Dios nos da a todos no por nuestros méritos, sino por nuestra confianza y deseo de felicidad.
En cambio, la corriente intelectualista (Intelectualismo Tomista) de Santo Tomás de Aquino, sigue el intelectualismo de la filosofía griega que consideraba a la razón rectora de todo conocimiento. La influencia grandísima que provocó Aristóteles en este filósofo se dejó ver porque, en coincidencia, también Santo Tomás aludía a que el objetivo de la actividad moral es alcanzar la perfección que corresponde a la naturaleza humana. Él considera que el hombre tiende naturalmente a la felicidad y el análisis de la naturaleza humana es el que nos permite conocer a la perfección las normas morales que se encargarán de regir nuestra propia moral y personalidad. Uno de los primeros principios morales se basa en el precepto “Haz el bien y evita el mal”. La corriente intelectualista entiende por bien todo aquello que todos buscan y esperan conseguir, todo aquello que la razón descubre como propio del ser humano. La manera con que actúan las cosas es así porque así se lo ha impuesto el destino, es su ley natural. La felicidad que el ser humano puede conocer y alcanzar en la vida es la perfección, o felicidad natural, pero está llamado a la felicidad constante. Para conocer y conseguir esto, la razón necesita la ayuda de la fe, porque la felicidad completa solo se puede encontrar en Dios. Santo Tomás concedió una atención muy particular a la Moral Política. Las acciones del gobierno han de ajustarse a los principios universales éticos. La justicia, que consiste en dar a cada uno lo que se merece, garantiza el bien común cuyos objetivos son la paz, la moralidad y los medios necesarios para vivir una vida corta pero a la vez intenta y llena de paz, felicidad y amor. La contemplación de Dios es el fin último del ser humano y la felicidad completa se basa en esta contemplación, que nos hace ser buenos fieles seguidores de la ley natural, algo parecida a la escuela helenística estoica. Las teorías éticas que entran en el periodo de la Modernidad, comienzan por el elocuente filósofo francés del Renacimiento, René Descartes, a quien se le considera padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, aparte de uno de los más destacados pensadores de la Revolución Científica. Fue el creador del conocido Racionalismo (Concebir las cosas en conformidad con la razón), y completo adversario de los filósofos empiristas, los cuales defendían lo contrario, que las cosas deben concebirse en conformidad a los sentidos y a la experiencia. Descartes propone una moral provisional, con varias reglas para ser feliz, ya que es el último fin humano. Hay que seguir las leyes y costumbres del país, ser firmes y tenaces con las decisiones tomadas libremente, aceptar con buen ánimo los avatares de la vida, y sobre todo revisar las diferentes ocupaciones a que se dedican los hombres para elegir la mejor felicidad. Como uno de los mayores antagonistas al sistema filosófico de Descartes (conocido universalmente con su frase “Pienso, luego existo”), destaca el empirista inglés David Hume. Este filósofo simplemente defendió que la moral deriva de la inclinación y del sentimiento. El fundamento del valor que atribuimos a las virtudes reside en su utilidad (tanto individual como social), y en que nos resulten agradables a nosotros mismos o a los demás. Junto al egoísmo personal, existe un sentimiento natural de empatía (el hecho de ponerse en el lugar del otro), pues la felicidad individual es inseparable de la colectiva, lo que se ve reflejado con el emotivismo (parte de la metaética que sostiene que los juicios de valor proceden de las emociones individuales y entonces el fin será persuadir a los demás para que sientan como sentimos nosotros) y el utilitarismo (procurar el bien a la sociedad para ser felices por nosotros mismos y aparte por hacer el bien) morales. El supuesto contrato social no explica la formación de las sociedades (en contraposición a Locke), sino la utilidad de las instituciones del momento histórico. En su ética también abunda la política y él alude a que el Positivismo Jurídico es relativo, no hay que buscar la legitimidad del poder perfecta, sino que el poder se va legitimando a partir de sí mismo mediante revoluciones, insurrecciones militares, golpes de estado, conquistas y un largo etcétera. La modernidad y los planteamientos contemporáneos tienen una serie de características como son la aparición de viejas tendencias ético-cívicas, el surgimiento de nuevos problemas planteados por cambios sociales, técnicos, científicos y un largo etcétera, y sobre todo por la especial atención a virtudes humanísticas, tales como el conocimiento, la solidaridad y un largo etcétera.
La reflexión ética del Siglo XVIII se centra en la Ilustración, etapa de máximo esplendor de la cultura europea, que comenzó por desarrollarse principalmente en Francia, aunque se fue extendiendo por todo el resto de continente, la cual tenía las raíces en los pensadores racionalistas y empiristas del siglo anterior. El pensamiento ilustrado se basaba en la razón como instrumento crítico dirigente de todo conocimiento humano para la comprensión científica de todo cuanto nos rodea, y el espíritu crítico, lo que se desarrolla con el ejercicio de la razón y que puede poner en tela de juicio moral todo aquello que no se corresponda con el entendimiento razonable. Las aportaciones de la Ilustración constituyeron un frente de oposición para las instituciones del Antiguo Régimen, frente al que los ilustrados se mostraron críticos y revolucionarios, aparte de expansionistas de la revolución cultural, que pretendía el progreso y la modernización de la cultura occidental. En 1751, los filósofos ilustrados Diderot y D´Alambert fundaron la Enciclopedia para educar al pueblo, puesto que ese era el mejor remedio para erradicar el absolutismo, aunque esta fue rechazada por los defensores del pensamiento tradicional. Las personas debían ser capaces de leer, escribir, tener sus propias ideas y tener la capacidad de manifestarlas, y así fue, pero hubo otros tres filósofos que también influyeron mucho en estos pensamientos revolucionarios: Voltaire (Trató sobre las relaciones entre ética individual y social), Montesquieu (Trató sobre las relaciones entre ley moral y ley política) y Rousseau (Trató a la naturaleza y a la sociedad como conceptos totalmente opuestos). La Ilustración es una vuelta al renacimiento, en la que se admira la cultura clásica y surge de nuevo la democracia moderna tras grandes revoluciones políticas como serían la Rev. Francesa de 1789, y las Revoluciones de 1820, 1830 y 1848 (Primavera de los pueblos). El primer filósofo moderno más influyente, Immanuel Kant (1724-1804) renovó totalmente el modo de pensar acerca de la filosofía, y sobre todo de este campo de la ética. Kant propone una ética procedimental, en la que no se señala cuales son las normas que se deben adoptar ni dice cuales son los fines de la vida de las personas, sino que su ética formal solo pretende determinar el procedimiento para la fundamentación de normas. Las tres preguntas de Kant se resumen en: ¿Qué puedo saber? (Crítica de la razón pura), ¿Qué puedo hacer? (Crítica de la razón práctica) y ¿Qué puedo esperar? (Crítica del juicio). Estas tres preguntas se resumen en una… ¿Qué es el hombre? Algo sin contestación científica totalmente verdadera. Entonces… ¿Qué se debe hacer?, ¿Qué condiciones debe tener una norma moral para que pueda obligar? Para empezar, la norma moral tiene que tener validez universal, es decir, válida para todo el mundo, sin excepciones. Toda ética que tenga preferencias subjetivas y no universales, no sirve para nada, como por ejemplo las éticas naturalistas, muy egoístas, y una norma moral no se puede basar en el simple interés. Por lo tanto este propone una ética procedimental, deontológica y formal, es decir, que nos lleve a actuar siguiendo los dictados de la razón, haciendo el bien porque es bueno en sí, y no por los caprichos personales que nos pueda dar. El procedimiento para saber si una actuación subjetiva es una norma moral es la universalizabilidad, el hecho de hacer lo que el deber te implante, y que lo que puedas hacer tú, lo pueda poder hacer todo el mundo. El sujeto, por lo tanto, debe ser libre para poder cumplir su deber, sin libertad no se puede realizar esta vida. La moral de Kant, en resumidas cuentas, es una moral del deber, lo bueno es cumplir el deber, hay que conocer los procedimientos para establecer qué es lo correcto o el deber en general, y no en casos particulares, hay que tener unos principios básicos del deber. A la vez que una moral del deber, la de Kant es una moral de la Intención, puesto que lo que de verdad importa es la buena voluntad sin importar en sí el fin, sino por el hecho de querer hacerlo bien. La ley moral fundamental es el Imperativo Categórico. Este imperativo kantiano representa el mandato objetivo que recibe la voluntad y afecta a toda ella. En este sentido, los imperativos son leyes universales. Al analizar los distintos tipos de mandatos imperativos, Kant distingue entre imperativos hipotético y categórico. Los primeros ordenan lo que ha de hacerse si se quiere alcanzar algo, y los segundos ordenan simplemente lo que hay que hacer para obrar bien. Un ejemplo bastante bueno sería el ejemplo siguiente: SI QUIERES APROBAR EL EXÁMEN, DEBES ETUDIAR, sería un mandato hipotético, mientras que el mandato categórico sería: DEBES ESTUDIAR. Según Kant, el imperativo moral es categórico, es decir, expresa el mandato o la obligación sin ninguna condición. El hombre lo reconoce y de esta manera se siente responsable ante él por ser libre. En este filósofo importantísimo, uno de los cuatro pilares de la historia de la Filosofía Universal, (Junto con Sócrates, Platón y Aristóteles), encontramos tres formulaciones:
Obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”, “Obra de tal manera que trates siempre a la Humanidad, sea en tu persona o en la de otro, como un fin y que no te sirvas jamás de ella como de un medio” y “Obra de tal manera que tu forma de actuar pueda servir como norma universal de conducta”.
Aunque Kant pasó la mayor parte de su vida enseñando en la universidad de su ciudad natal (Konigsberg), no por ello fue ajeno a los grandes acontecimientos de su época, como la Revolución Francesa, a la que saludó con gran entusiasmo e interés por considerarla un triunfo de la libertad del ser humano. En cuanto a la ética y a la política, Kant dijo que era necesario suponer una intención oculta de la Naturaleza, que dirige la historia humana hacia una evolución constante y progresiva de la razón y de la moralidad. El medio del que se sirve esta naturaleza es la insociable sociabilidad de los hombres, puesto que nunca ha habido paz total, ni hay, y sería un reto para el futuro que hubiese. La sociedad humana perfecta (Utopía) no será posible mientras no haya paz entre todos los Estados y Naciones del mundo en que vivamos."

Europa durante el siglo XV
Europa en el siglo XV

21 de agosto de 2012

Escuelas Helenísticas Griegas

Hola queridos lectores, os saludo. Hoy os voy a pegar aquí un pequeño fragmento sobre el libro de investigaciones filosóficas que estoy llevando a cabo, y que trata sobre el análisis de las éticas, tanto materiales como formales (heteronomía y autonomía moral), que han ido evolucionando con el paso de los años hasta la actualidad.
El fragmento de hoy, hará referencia a las escuelas helenísticas que se desarrollaron en Grecia entre los siglos IV, III y II a.C y que, aunque siguieron teniendo gran influencia sobre las éticas del medievo, modernas y contemporáneas, la hegemonía del pensamiento filosófico, ya no volvió a ser la que era. Aquí va:

"[...] Aristóteles fue el maestro del gran conquistador Alejandro Magno. Y es que la derrota de Atenas por Filipo II de Macedonia en el año 338 a.c. provocó la aparición de una etapa histórica conocida como el Helenismo, que duraría hasta el año 30 a.C., año en el que el emperador romano Octavio Augusto conquistó Egipto tras ganar la Batalla de Accio y provocar el suicidio de Cleopatra VII y Marco Antonio, los cuales eran amantes. Alejandro Magno fue el discípulo de Aristóteles porque en el 343 a.C. el rey de Macedonia Filipo II invitó a Aristóteles a hacerse cargo de la educación de su hijo Alejandro, que entonces contaba trece años de edad y que probablemente dejaba ver ya en su carácter la inteligencia y audacia que demostraría en los años posteriores. Filipo deseaba para su hijo y heredero una esmerada formación, un buen dominio de la paideía, de la cultura y educación helenas, mejor que la que él mismo había tenido en su semibárbara Macedonia, y por eso deseaba procurarle un preceptor de gran altura intelectual. La relación que a lo largo de tres años mantuvieron Aristóteles y Alejandro ha dado lugar a buen número de interpretaciones contrapuestas. Una de ellas es la expuesta por Hegel en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Para el gran filósofo alemán, Aristóteles “no menoscabó la espontaneidad de la gran naturaleza de Alejandro, pero le imprimió la profunda conciencia de lo verdadero y formó con el espíritu genial de su discípulo un espíritu plástico, semejante a una esfera que flota libremente en el éter […]. Platón no educó a ningún estadista, pero Aristóteles hizo un verdadero rey, que imperó, como guía y caudillo, sobre su ejército y sobre toda Grecia. En el extremo opuesto se sitúa el juicio de Bertrand Russell, quien en su Historia de la filosofía occidental afirma: “Supongo que su influencia fue nula. Alejandro era ambicioso y apasionado, se llevaba mal con su padre y, probablemente, era impaciente en el estudio. Aristóteles creía que ningún Estado debía tener más de cien mil ciudadanos y predicó la doctrina de la dorada mediocridad. No puedo imaginar que Alejandro considerara a Aristóteles de otra manera que como un viejo prosaico y pedante, impuesto por su padre para que no hiciera travesuras […]. En conjunto, el contacto entre estos dos hombres parece haber sido tan estéril como si hubieran vivido en mundos distintos”. En este período helenístico, la filosofía griega entró en una etapa en la que el individualismo era la forma de vida básica. Las escuelas helenísticas trataban a la filosofía de manera distinta por el contexto histórico en que se desarrollaron. La filosofía dejó de ser un estudio de los principios de la naturaleza humana, sino que se convirtió en una doctrina de obligado aprendizaje que intentaba ofrecer modelos de vida que permitiesen orientarse, modelos de comportamiento para los habitantes del gran territorio que ahora abarcaba Grecia gracias a las conquistas de Alejandro hasta la India, lo que provocaba más mutua desconfianza dentro de esas tierras conquistadas, lo que justifica ese individualismo extremo. Todas las filosofías de la época helenística comparten la común circunstancia histórica de la desaparición de la polis como forma de organización y de vida, y la gran conmoción que ello supuso en sus habitantes. Ante este individualismo como forma de vida, surgieron teorías éticas materiales, obviamente, solo válidas para uno mismo y no para el resto de sociedad. Así, de esta manera surgieron tres escuelas helenísticas que trataban lo bueno desde puntos de vista diferentes, dando lugar a diversas teorías éticas: Hedonismo, Estoicismo y Cinismo. La primera escuela fue la del Hedonismo. Se le llama hedonismo porque hedoné es “placer” en griego. Hay dos corrientes diferentes del hedonismo: Clásico y Epicúreo. El hedonismo clásico tiene su máximo representante en Aristipo de Samos, creador de la escuela cirenaica, puesto que Aristipo era de la región de Cirene y de la ciudad de Samos. Él que opina que el mejor placer es el placer momentáneo. El placer momentáneo daba miedo en aquel entonces ya que se consideraba un placer violento, pero Aristipo alude a que el placer es un bien, aunque provenga de métodos impuros. En el hedonismo clásico destaca el dicho Carpe Diem (Disfruta el momento), ya que el placer debe ser momentáneo, hay que aprovechar el momento y disfrutarlo todo lo que se pueda, porque puede que al día siguiente ya no se pueda. Nada en sí es bueno o malo, esto es error nuestro porque juzgamos las cosas por la costumbre, la cual nos hace juzgar las cosas como buenas o malas. En contraposición se encuentra el Hedonismo Epicúreo. El hedonismo individualista es el Epicureísmo, del profesor de escuela de Atenas, Epicuro, profesor en su huerto cercano a Atenas, que en realidad se convirtió en una de las más grandiosas e imperantes escuelas helenísticas llamada “El Jardín”. Para él, la verdadera felicidad se encuentra en el placer, pero un placer moderado y duradero, que deje el alma tranquila, provocando el alejamiento de los placeres violentos que turben el juicio de la persona. Los tipos de deseos epicúreos son los naturales y necesarios como por ejemplo la comida y la bebida, los naturales y no necesarios como por ejemplo una comilona (Deben moderarse mediante la prudencia) y los que son ni naturales ni necesarios, como el lujo, la gloria, el poder…
El sabio bueno y virtuoso es el que goza de los placeres que nos impone la naturaleza, sin buscar nada más de lo que esta misma nos puede regalar. Hay que saber limitar los propios deseos, por eso se distingue un hedonismo del otro. El ideal de vida es una vida tranquila, sin excesos en nada y sin participar en la vida de la sociedad contemporánea, lo que provocaría una ausencia de perturbación. A esta ausencia de perturbación se le llama Ataraxia, el estado mental del individuo que no tiene miedo ni a los dioses ni a la muerte, sino que está tranquilo viviendo encontrando sus placeres elegidos. El sentimiento abstracto más importante para Epicuro es la Amistad, una única relación entre seres individuales, una relación libre y natural a su vez. Las perturbaciones del placer ya pueden ser corporales o anímicas, pero siempre el objetivo es el mismo, el placer, por eso consiste en una ética material. Acompañada cronológicamente a esta escuela, también surgió el Estoicismo. Esta escuela estoica fue fundada por el filósofo griego Zenón de Citio hacia el 322 a.C, y otros filósofos influyentes fueron el griego Epicteto, y los romanos Séneca y el emperador-filósofo Marco Aurelio. Se llamó así porque proviene de la palabra Stoa, puerta del Ágora, lugar donde se reunían sus integrantes. Tal vez fue la más influyente corriente filosófica del Helenismo, aunque después esta corriente tuvo fuerte influencia en el Cristianismo del Medievo, aunque ha influido también mucho en los siglos XVI y XVII, y sobre todo ha tenido gran peso intelectual en el moderno existencialismo. La base teórica de esta ética reside en la afirmación de que todo en la naturaleza está sujeto a una ley universal, ya que nada puede escapar a la necesidad de la naturaleza. La virtud no es un medio para la felicidad, sino que es un fin último, ya que la virtud es felicidad. La gran virtud es la conformidad del hombre con el Logos, que ordena el mundo y nos marca un destino que a veces es difícil de interpretar, pero que una vez interpretado y aceptado, nos provoca armonía y felicidad. Por tanto, el resultado de esta ley universal, es el orden establecido, lo que solemos calificar normalmente como Destino, que en cuanto dirige todo a su fin pasa a llamarse Providencia. En medio y mitad de este destino, al ser humano no le queda otra posibilidad que aceptar la cruda realidad y colaborar aceptando vivir en conformidad con la naturaleza. Ni los bienes ni los males son nada en si, son simples concepciones que cada uno tenemos en la cabeza, así que ni deben ser buscados los primeros, ni deben ser evitados los segundos, puesto que ambas concepciones son indiferentes a nosotros, es cosa del orden que nos marca la naturaleza. Por tanto, la conclusión es que la felicidad se consigue al aceptar el propio destino sin querer modificarlo, ya que hay que comprender la relación entre la naturaleza y el ser humano.
Esta aceptación del destino nos lleva a ser sabios virtuosos. El ideal de todo esto es la Apatía, que consiste en la liberación de las cosas que nos puedan hacer vulnerables, tales como placer, deseo, aversión, miedo…Esto se consigue utilizando la razón, puesto que solo ella nos puede guiar a la verdadera comprensión de nuestro destino. Las grandes ideas estoicas se resumen en la fraternidad universal, la igualdad entre todos los seres humanos y la ausencia de fronteras entre países dando pie a un fuerte cosmopolitismo. Este sistema ético llegó a su fin en el 429 a.C oficialmente.
Paralelamente pues a estas dos teorías éticas materiales, se encontró la Escuela de Cinismo, de la que surgieron los Cínicos. Esta escuela helenística fue fundada por el griego Antístenes, pero el filósofo más influyente fue el conocido Diógenes de Sinope. Se les llama Cínicos porque proceden de la palabra griega "kynikós", que significa perruno, puesto que estos defienden la vida en armonía con la naturaleza, ya que piensan que no necesitan nada del resto de comunidad humana. Por tanto, estas personas se alejan de las necesidades supérfluas propias de la vida en sociedad porque piensan que el resto de personas, son simples elementos absurdos y artificiales que se han puesto ahí para hacernos la vida más dificil, entonces lo ideal es llevar una vida sencilla y austera en conformidad con la naturaleza. [...].

 
Grandes estados helenísticos en el mundo antiguo

20 de julio de 2012

Dos sistemas éticos materiales que cambiarían el mundo: Utilitarismo y Eudemonismo.


Queridos leyentes, hoy tengo el honor de escribiros acerca de Filosofía, en concreto sobre el campo de la ética, que trata sobre el comportamiento moral del ser humano y sus justificaciones. Voy a exponer dos sistemas éticos materiales (Los que establecen unas pautas para conseguir un fin), en contraposición a los sistemas éticos formales (Los que establecen que lo que debe mover al ser humano a actuar bien es la conciencia moral, que es racional, obrando desinteresadamente por el simple hecho de que los actos son buenos para la sociedad, o al menos para uno mismo). Aquí van dos corrientes éticas materiales:

La felicidad se encuentra en hacer felices a los demás
A esta teoría ética se le llama Utilitarismo. Fue una teoría desarrollada durante los siglos XVIII y XIX en Inglaterra. El momento histórico hacía referencia sobre todo a un hecho importantísimo a nivel económico, político y social como fue la Revolución Industrial, que ya se hacía notar hacia 1780 en este país y sobre todo también en Bélgica. También se estaba luchando en todo el mundo por la erradicación del antiguo régimen como consecuencia de las ideas políticas y económicas de la Ilustración, destacando la teoría de la soberanía nacional de Rousseau, la teoría de la División de Poderes de Montesquieu y las teorías de Quesnay y Adam Smith en cuanto a Fisiocracia y Liberalismo económico. El principio fundamental del sistema es “Alcanzar la mayor felicidad para el mayor número de personas”, entendiendo por felicidad “El placer y la ausencia de dolor”. La principal diferencia entre el Utilitarismo y el Hedonismo es su carácter social. Prima sobre todo la utilidad o el interés como fin último de la actividad ética, es decir, que la característica principal de la teoría es el Altruismo, procurar el bien de los demás aun a costa del propio. En este campo han destacado dos importantes filósofos ingleses, los cuales han dado lugar a diferentes concepciones del Utilitarismo. Jeremy Bentham (1748 - 1832) pensó que la utilidad era la propiedad de cualquier objeto de producir placer, beneficio o simplemente felicidad. Hay que procurar el interés general para poder tener placer personal, para eso hay que procurar la mayor felicidad posible al mayor número de personas posibles. Las acciones se determinan como beneficiosas o defectuosas en medida de cuanta felicidad provoque a la colectividad. Formuló como primera ley de la ética el llamado Principio de Interés, según el cual el hombre actúa siempre movido a costa de sus propios intereses, que se basan en la búsqueda del placer y el abandono del dolor que nos provoca la mente y el cuerpo. El dolor y el placer son “los dos señores soberanos” que la naturaleza nos ha impuesto a todos los seres humanos. Pero si esta búsqueda de placer y huída del dolor se convierten en simples normas individuales, actuaríamos egoístamente. Por ello, él pensó que era necesario que en la sociedad estuviese vigente un Principio de Felicidad, para evitar esto. Equivalentemente al Principio de Interés, el Principio de Felicidad debe asegurar la mayor cantidad posible de felicidad para el mayor número de individuos. La moral es una aritmética de placeres que hay que ordenar para que la balanza de la vida se incline hacia lo bueno, y no hacia lo malo. Sin embargo, John Stuart Mill (1806 - 1873) pensó que el utilitarismo merecía un carácter más social, porque hay que procurar el bien por su valor como útil, el valor de lo bueno en sí mismo, y no por las ventajas que pueda dar a nuestra persona, puesto que así seríamos un tanto egoístas. El objetivo final de esto es la felicidad de la humanidad. Él defiende la prioridad de los aspectos cualitativos ante los cuantitativos, es decir, se prefiere que la felicidad sea muy buena una vez, a que sea pequeña felicidad muchas veces. Esto no contradice para nada el Principio de Utilidad, ya que es verdad que hay placeres más deseados y valiosos que otros, por ley de vida. Defiende la superioridad de los placeres intelectuales frente a los sensoriales, y por este cúmulo de causas, se distancia mucho de su predecesor Bentham, al crear otra corriente filosófica dentro de la misma teoría ética. Mill alude a que la humanidad tiene unas calamidades como son la pobreza, la ignorancia y la enfermedad, las cuales se curan con legislación, educación y medicina. Esta teoría ética ha tenido gran influencia en la contemporaneidad, sobre todo en las economías del bienestar, a las que aspiran las democracias modernas, entre las que se sitúa en un lugar destacado la Unión Europea, diferente de la CEE desde el tratado de Maastricht.

Jeremy Bentham

John Stuart Mill

La felicidad se encuentra en intentar conseguir la perfección de nuestra naturaleza
A este sistema ético se le llama Eudemonismo Aristotélico, puesto que eudaimonismo significa felicidad en griego, y la teoría ética fue creada y desarrollada por el discípulo de Platón (427 a.C. – 347 a.C.), Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) . Él piensa que el hombre es un ser que siempre está realizando acciones para conseguir múltiples fines, pero por encima de todos ellos prima un fin, un fin último, la felicidad. La felicidad es el fin último porque al fin y al cabo unifica a todos los demás, y respecto a ese fin, el resto solo son fines particulares, o simplemente medios para alcanzar este principal fin. Como fin último, la felicidad se caracteriza por valerse por sí misma (Autarquía), no cabe añadirle nada porque es inmejorable como sentimiento (Perfección), y constituye además la más elevada y propia actividad del ser humano dentro de su escala de valores original, en la cual este ser humano encuentra su realización plena (Excelencia). Ahora bien, la felicidad se consigue por la actividad del alma, ya que la actividad más propia y característica del ser humano es la de pensar en conformidad con la razón. Esta actividad del alma se lleva a cabo mediante la búsqueda que provoca la perfección de la razón, y eso nos hace ser buenos, porque somos seres racionales. Esta perfección de la razón la da la contemplación, el ejercicio de ser pensativo. La contemplación intelectual es la mayor fuente del gozo humano y nos lleva a lo que se conoce como Virtud, que es la disposición permanente a elegir lo más adecuado para nuestra buena vida y la búsqueda de la propia felicidad que todos merecemos por el hecho de vivir. La elección sobre qué es lo bueno para nuestra felicidad viene dado por la razón, pero esta elección requiere moderación, constancia y no dejarse llevar por el deseo, sino que hay que usar la prudencia. La Virtud viene determinada por la razón y la consideración práctica de lo que haría un hombre realmente inteligente, ya que es un término medio alcanzado con prudencia. Alcanzar la felicidad también requiere algunas condiciones externas que puedan ayudar a la persona a realizar este alcance, tales como salud, fortuna, fama, poder…que aunque no hacen al hombre feliz, lo ayudan. Así es que la Felicidad lleva a la Virtud, esta a la Perfección y esta a la realización de una esencia humana ideal. La Virtud para Aristóteles puede ser de dos tipos: Intelectual o Ética, y en caso de que la virtud fuese ética, debería tratarse en el campo de la Política. No cabe un bien particular y aislado con un bien común, el hombre es un animal político cuya vida carece de sentido dentro de la polis (Ciudades-Estado de la Grecia clásica). Solo cabe el desarrollo moral y la posibilidad de alcanzar la actividad en que consiste la felicidad si esto se lleva a cabo en armonía con la sociedad. La Polis, aparte de ser Ciudades-Estado de la Grecia antigua que alcanzaron su máximo apogeo en el periodo Clásico, eran comunidades éticas que educaban a los ciudadanos para que estos alcanzasen la virtud y la justicia.

Busto de Aristóteles, creador del Eudemonismo Aristotélico

Busto de Platón, filósofo muy influyente, igual o más que su alumno Aristóteles.