4 de septiembre de 2013

"¿Qué es la libertad?" Por Mario S.

Hola queridísimos lectores, en este artículo os hablaré sobre algo que moralmente hablando está en decadencia últimamente, así que me he involucrado en la escritura de este artículo para recordar la condición libre de todas y cada una de las personas que habitan el mundo. Y es que somos libres de cumplir o no cumplir el deber, pero tenemos que elegir siempre, de eso se trata la “Libertad”


El concepto de la libertad se basa en la ausencia de impedimentos a nuestra voluntad, sobre todo en la autodeterminación de uno mismo, ya que no se es esclavo de nadie ni se debería serlo. La libertad, un concepto tan complejo, tiene problemas, y esto es lógico y normal. Hay dos conceptos diferentes de libertad: La libertad de acción (1) y la libertad de elección (2):
La “Libertad de acción” (1), que se resume en si se es libre para hacer una cosa o no, es decir, la libertad para realizar lo que hemos decidido sin coacciones externas, opresión o prohibiciones. Es una cuestión aparte reflexionar sobre sus límites para que todos podamos disfrutar de ella al máximo nivel. Esta es una cuestión de carácter social o político. Y la “Libertad de elección”(2), que se resume en si se es libre para decidir una cosa o no, es decir, la capacidad de elegir entre diferentes opciones sin que esté predefinido por ninguna fuerza cuál será la opción que elegiremos. Se trata de entender por qué tomamos nuestras decisiones, ¿Las tomamos libremente o son el resultado inevitable de una serie de factores? Negar la libertad significa negar la moralidad. La cuestión es si somos libres o estamos determinados. Esta es una cuestión de carácter filosófico. 

Los problemas ante la libertad de elección son las diferentes perspectivas con las que se mira el concepto, pues existen dos corrientes diferentes: Determinismo (I) e indeterminismo(II):
El “Determinismo” (I), que afirma que el ser humano no es libre puesto que todo tiene una causa, estamos argumentados por las leyes físicas, la cultura, la sociedad, las costumbres, las fuerzas superiores a nosotros, la constitución genética, la historia que sigue un curso prefijado (en la cual cumplimos la misma función que las piezas de un engranaje), los motivos, los deseos,  y un largo etcétera. Epicuro, en el S.III a.C. y Baruch Spinoza junto a los científicos materialistas, en el S. XVII defendieron esta postura en contra de la libertad humana.
En contraposición, el “Indeterminismo” (II) alude a que el hombre es libre puesto que su conducta siempre está regida por su voluntad y estamos argumentados por la libertad de decisión, la responsabilidad, nuestra esencia libre y la ley causa-efecto, que tiene un margen de error. El pensador medieval Jean Buridan (S. XVI) exponía que un asno jamás comería si tuviese dos montones de paja a la misma distancia, pues no podría elegir ni uno ni otro, puesto que no podría decantarse por azar. El ilustrado alemán Immanuel Kant (S. XVII) exponía que una cosa es conocer y otra muy diferente es pensar, y en sentido estricto, conocer significa someter a causas y efectos, y en lo que a nosotros nos concierne, someter a causas y efectos a la ciencia y al mundo material para darnos cuenta de que aparte de eso, la mente puede crear nuevas ideas. El empirista David Hume y el utilitarista John Stuart Mill (S.XVIII) aludían a que no hay más sentido en la libertad que la liberación de coacciones externas. El francés Henri Bergson (S. XIX/XX) establecía la diferencia entre el mundo físico y conciencia, pues al mundo físico le podemos aplicar leyes y al segundo no; en las leyes científicas hay repeticiones idénticas y en la conciencia no puede haber repeticiones idénticas, pues la experiencia acumulada hará que la conciencia viva la segunda experiencia de forma distinta a como vivió la primera. El también francés, novelista, crítico, dramaturgo y filósofo Jean Paul Sartre trabajó el existencialismo, y esto se basa en que lo que caracteriza a los humanos es que no estamos definidos; la existencia es anterior a la esencia, pues después de existir al ser arrojados al mundo, decidimos lo que hacer con lo que se hizo de nosotros, es decir, nos inventamos constantemente con decisiones tomadas de forma libre. 

Pero en realidad… ¿Cómo se construye la libertad? Esta pregunta se responde citando tres comportamientos: Conociendo más, razonando mejor y teniendo más criterio.




6 de julio de 2013

La ética y la política del "Platonismo" (Periodo Clásico de la Filosofía Griega; Siglo IV a.C.)

Platón, un filósofo conocidísimo a nivel mundial, es junto a Sócrates, Aristóteles y Kant, uno de los cuatro pilares de la filosofía universal, pero... ¿Quién fue? Una persona que se convirtió en filósofo al heredar de su maestro (Sócrates) la pasión por la verdad. Sitúa esta en un mundo de realidades ideales en el que se encuentran también los valores morales. No se ocupa tanto como su maestro en la ética, pero toda su obra está llena de sentido moral. Los ideales morales de Platón sostienen que la virtud es la condición del bien individual y social. Los conceptos morales pueden ser conocidos racionalmente y son absolutos, no relativos. Las virtudes esenciales son la prudencia, la fortaleza y la moderación. El filósofo es la persona que mejor conoce todos los conceptos morales, y por tanto, los más aptos para dirigir la ciudad y educar a los ciudadanos. En su pensamiento acerca de política, él establece su orden de prioridades, piensa que el mejor sistema político es la Monarquía, luego la Oligarquía, luego la Democracia y después la tiranía. Pero el perfecto sistema político se basaría en la Monarquía en manos de un rey filósofo y sabio, que sepa dar al pueblo lo que necesite. Por eso, tras esa reflexión, llega a pensar que la naturaleza humana se divide en tres dimensiones muy distintas: Racional (Gobernantes que deben tener como virtud la Prudencia), Concupiscible (Trabajadores que deben tener como virtud la Templanza) e Irascible (Guerreros que deben tener como virtud la Fortaleza). La verdadera justicia se alcanza al tener un equilibrio perfecto entre estas tres virtudes, puesto que es necesario vivir en sociedad, y debe haber una correspondencia entre el bien individual y el bien colectivo. Por estas tres dimensiones de la naturaleza, el puesto de cada ciudadano se debe elegir según las virtudes de cada uno de ellos. Tanto en el alma como en la vida externa puede haber conflictos, y estos deberían resolverse utilizando la virtud que a cada uno le es propia.
La razón debe dirigir, el valor ha de proteger y el apetito ha de mostrarse obediente y moderado. ¿El resultado de esto? Un alma justa, un ciudadano feliz y en consecuencia, una ciudad organizada, justa y creciente. Fue un gran interesado de la política activa, por eso se sintió decepcionado, sobre todo después de la muerte de su maestro Sócrates, el cual fue condenado a que la cicuta acabase lentamente con su vida. Puso todo su empeño en construir un Estado Ideal, en el cual cada individuo desempeñara la función encomendada a su clase social.


5 de julio de 2013

El plano fáctico de la moralidad

La palabra fáctico procede del latín factum, que significa “hecho”. Sobreentendemos entonces que de lo que trata lo fáctico en la perspectiva ética es del acto moral y su estructura básica.


El acto moral es aquello que la persona realiza creyéndolo así como bueno o malo, y su estructura se divide en una serie de fases que se articulan entre sí:

a)      El motivo: El motivo es, según la psicología, aquello que impulsa que se haga algo, un estímulo que es causa de otro posterior para mantener la acción. Es, en definitiva, aquello que mueve a un sujeto a obtener un fin determinado. Existen motivos que pueden ser antagónicos pero cuyo fin puede ser el mismo, pues solo comparten eso. El psicoanálisis de Sigmund Freud demuestra que hay, aparte de los conscientes, motivos inconscientes, a los cuales el sujeto no puede acceder. También hay motivos no-conscientes (pasiones violentas, hábitos incorregibles, impulsos difíciles de contener...). Paralelamente, Auguste Comte y Émile Durkheim fueron los creadores de un sistema moderno llamado “Sociologismo moral” que pretendía reducir todo hecho moral a hecho social, la ética a la sociología. Este sistema alude a que el ser humano está sometido a una presión externa que es la propia sociedad en que se inserta, la cual impone los códigos morales que se consideran buenos. Entonces sólo sabremos si un acto moral es bueno o malo en la medida en que se ajuste a esos códigos de conducta impuestos por la sociedad. Pero en realidad, de todos los motivos existentes, para tener en cuenta a la hora de calificar moralmente un acto, el sujeto solo debe tener en cuenta aquellos que conoce y es capaz de dominar.

b)      La elección del fin: Es propio del ser humano que todo acto tenga un fin, pues no es propio de él hacer algo de forma desinteresada. El acto moral exige motivación, y eso sólo se consigue cuando el sujeto es consciente del fin que se propone y ve este fin conseguido (“Anticipación imaginativa del resultado”). El hecho de elegir un fin es algo preferencial, pues depende totalmente del sujeto, que desea una cosa u otra. Esto demuestra que el acto moral es algo voluntario, se hace o no si se tiene un fin o no.

c)      El establecimiento del medio: Todo fin necesita de unos medios para llegar a la realización del mismo. Siempre será mejor que el medio sea el trabajo y la constancia personal a que sea algo fácil conseguido por un cúmulo de circunstancias que en realidad son injustas. Pues a veces es mejor el medio que el fin en sí mismo. Pero… ¿El fin justifica los medios? Según Nicolás Maquiavelo en el Renacimiento, si. Pero según la ética y la moral, no. Por ejemplo, el fin que tenía Hitler para hacer de la raza aria, la raza suprema, no se justifica con el encarcelamiento y genocidios de las demás, consideradas inferiores por pura ideología pangermanista.

d)      La consecuencia: Las tres fases anteriores son las básicas, con eso estaría acabado el acto moral, pues no queda más. Pero el resultado de todo el acto conlleva unas consecuencias que de él se siguen. Un sujeto no puede desentenderse de las repercusiones que tienen sus acciones, y siempre las hay, las cuales afectan a una cosa u otra.